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el cerebro del orden ultraglobalista no es EEUU, sino la aristocracia de Londres y Europa

 


En un mundo donde las narrativas geopolíticas suelen simplificar las relaciones de poder bajo la hegemonía estadounidense, surge una pregunta incómoda: ¿es Estados Unidos realmente el cerebro del orden ultraglobalista, o este papel corresponde a una alianza más antigua y sofisticada, centrada en Londres y Europa? Los hechos recientes parecen confirmar lo segundo, revelando una red de poder aristocrático y ocultista que trasciende las fronteras nacionales y desafía las narrativas convencionales. 

Los hechos confirman nuestra hipótesis: el cerebro del orden ultraglobalista no es EEUU, sino la aristocracia de Londres y Europa En un mundo donde las narrativas geopolíticas suelen simplificar las relaciones de poder bajo la hegemonía estadounidense, surge una pregunta incómoda: ¿es Estados Unidos realmente el cerebro del orden ultraglobalista, o este papel corresponde a una alianza más antigua y sofisticada, centrada en Londres y Europa? Los hechos recientes parecen confirmar lo segundo, revelando una red de poder aristocrático y ocultista que trasciende las fronteras nacionales y desafía las narrativas convencionales. 

 Por José Luis Preciado 

 Zelenski y Carlos III Tras ser echado de la Casa Blanca después del escándalo que protagonizó junto a Donald Trump, el comediante Zelensky viajó a Londres para reportarse con el monarca Carlos III. Quienes creían que Europa dependía de Estados Unidos quizás ahora puedan ver la realidad con mayor claridad. En apenas cinco semanas, Europa ha tomado distancia de Washington y se ha alineado con Londres en contra de Rusia. Este giro no es casual, sino que confirma lo que siempre hemos sostenido en Mente Alternativa (MA): el verdadero control del orden unipolar ultraglobalista no radica en Estados Unidos, con su poderío militar y diplomático, sino en la alianza entre Londres, Bruselas y el Vaticano, cuyo núcleo intelectual es la antigua aristocracia europea.

 Este núcleo de poder, copropietario en un sistema circular de BlackRock junto con otros clanes estadounidenses más jóvenes, mantiene una relación estrecha, aunque en este momento particular no están completamente alineados en lo que respecta a Rusia y Ucrania. Como hemos explicado en numerosos artículos, esta aparente ruptura parece ser una estrategia para desmantelar el imperio ultraglobalista y recrear imperios regionales invisibles en su lugar. Mientras tanto, muchos de estos clanes juegan a dos bandas, impulsando modelos antagónicos para sacar provecho a través de la síntesis dialéctica del caos y asegurar su influencia en una o varias de las macrozonas en el nuevo orden. 

 En cualquier caso, los clanes de poder occidentales, íntimamente interconectados, funcionan como círculos de Euler, superponiéndose en intereses y estrategias que persistirán incluso en un orden multipolar dividido en macrozonas. Esto nos lleva a una conclusión ineludible: Europa responde a su propia oligarquía, de carácter aristocrático y heredera de las órdenes ocultistas de Occidente. Por ello, en MA siempre hemos sostenido que la idea de que Estados Unidos controla o controlaba a Europa es imprecisa. 

 La dinámica histórica del poder oculto A partir del estudio de la escuela de pensamiento larouchista, la metodología de la historia metapolítica de Andrei Fursov y la teoría del sistema de economía-mundo de Immanuel Wallerstein, he analizado cómo, desde la Venecia medieval, los imperios marítimos regionales ya concebían la idea de una economía-mundo capitalista, o protoglobalismo. Estos imperios estaban controlados por el culmen de las órdenes ocultistas de Occidente, que delegaban la gestión territorial a los imperios convencionales mientras se infiltraban en las monarquías europeas. Su enfoque principal era consolidar un modelo de banca usurera y ejercer el control sobre las rutas comerciales, aprovechando los avances tecnológicos de su tiempo. 

Cualquier parecido con el mundo actual no es una coincidencia, sino la repetición de un patrón histórico. Sin embargo, para entender la dinámica del desarrollo de este modelo y su actual desmantelamiento y transfiguración, es imperativo tomar distancia del análisis geopolítico convencional y conjugarlo con el análisis multidimensional de la metapolítica o política profunda, que investiga el poder detrás del poder. Como sugiere el historiador Andrei Fursov, las ciencias sociales deben volverse multidimensionales, abandonando ideas rígidas como la de que A no puede ser B al mismo tiempo sin dejar de ser A o sin convertirse en C. La rigidez categorial del estructuralismo, en particular, enfatiza que las estructuras subyacentes (sociales, lingüísticas, culturales) definen las relaciones y las categorías de manera rígida y binaria, lo que limita nuestra comprensión de realidades más complejas y fluidas. Hola, ¿qué deseas buscar? 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Quienes creían que Europa dependía de Estados Unidos quizás ahora puedan ver la realidad con mayor claridad. En apenas cinco semanas, Europa ha tomado distancia de Washington y se ha alineado con Londres en contra de Rusia. Este giro no es casual, sino que confirma lo que siempre hemos sostenido en Mente Alternativa (MA): el verdadero control del orden unipolar ultraglobalista no radica en Estados Unidos, con su poderío militar y diplomático, sino en la alianza entre Londres, Bruselas y el Vaticano, cuyo núcleo intelectual es la antigua aristocracia europea. Este núcleo de poder, copropietario en un sistema circular de BlackRock junto con otros clanes estadounidenses más jóvenes, mantiene una relación estrecha, aunque en este momento particular no están completamente alineados en lo que respecta a Rusia y Ucrania. Como hemos explicado en numerosos artículos, esta aparente ruptura parece ser una estrategia para desmantelar el imperio ultraglobalista y recrear imperios regionales invisibles en su lugar. Mientras tanto, muchos de estos clanes juegan a dos bandas, impulsando modelos antagónicos para sacar provecho a través de la síntesis dialéctica del caos y asegurar su influencia en una o varias de las macrozonas en el nuevo orden. En cualquier caso, los clanes de poder occidentales, íntimamente interconectados, funcionan como círculos de Euler, superponiéndose en intereses y estrategias que persistirán incluso en un orden multipolar dividido en macrozonas. Esto nos lleva a una conclusión ineludible: Europa responde a su propia oligarquía, de carácter aristocrático y heredera de las órdenes ocultistas de Occidente. Por ello, en MA siempre hemos sostenido que la idea de que Estados Unidos controla o controlaba a Europa es imprecisa. La dinámica histórica del poder oculto A partir del estudio de la escuela de pensamiento larouchista, la metodología de la historia metapolítica de Andrei Fursov y la teoría del sistema de economía-mundo de Immanuel Wallerstein, he analizado cómo, desde la Venecia medieval, los imperios marítimos regionales ya concebían la idea de una economía-mundo capitalista, o protoglobalismo. Estos imperios estaban controlados por el culmen de las órdenes ocultistas de Occidente, que delegaban la gestión territorial a los imperios convencionales mientras se infiltraban en las monarquías europeas. Su enfoque principal era consolidar un modelo de banca usurera y ejercer el control sobre las rutas comerciales, aprovechando los avances tecnológicos de su tiempo. Cualquier parecido con el mundo actual no es una coincidencia, sino la repetición de un patrón histórico. Sin embargo, para entender la dinámica del desarrollo de este modelo y su actual desmantelamiento y transfiguración, es imperativo tomar distancia del análisis geopolítico convencional y conjugarlo con el análisis multidimensional de la metapolítica o política profunda, que investiga el poder detrás del poder. Como sugiere el historiador Andrei Fursov, las ciencias sociales deben volverse multidimensionales, abandonando ideas rígidas como la de que A no puede ser B al mismo tiempo sin dejar de ser A o sin convertirse en C. La rigidez categorial del estructuralismo, en particular, enfatiza que las estructuras subyacentes (sociales, lingüísticas, culturales) definen las relaciones y las categorías de manera rígida y binaria, lo que limita nuestra comprensión de realidades más complejas y fluidas. Actores secundarios y peones en el tablero global En cuanto a los actores secundarios y los peones, las administraciones ultraglobalistas de Biden, Bush, Clinton y Obama estuvieron plenamente alineadas con la política londinense, respaldada incondicionalmente por el Estados Unidos unipolarista. Sin embargo, en el momento en que surge una divergencia entre el gobierno estadounidense y la política de Londres respecto a la guerra en Ucrania —como estamos viendo con Trump—, se produce un punto de quiebre que aún no está del todo definido. Este desfase revela que, aunque Estados Unidos ha sido un actor clave en el orden global, no es su verdadero centro de gravedad. Los hechos recientes confirman que el cerebro del orden ultraglobalista no es Estados Unidos, sino una alianza centrada en Londres y Europa, arraigada en una oligarquía aristocrática y heredera de las órdenes ocultistas de Occidente. Este núcleo de poder, aunque interconectado con élites estadounidenses, opera con una lógica propia que trasciende las narrativas geopolíticas convencionales. Para comprender este fenómeno, es necesario adoptar un enfoque multidimensional que abandone las categorías rígidas y explore las dinámicas profundas del poder global, pues dichas categorías con engañosas y promueven información imprecisa. Por ejemplo, muchos de los clanes ultraglobalistas europeos no son judíos, sino católicos, por lo que la categoríazación dualista que intenta explicar el mundo actual como un choque de civilizaciones y concretamente la supuesta lucha entre grupos católicos y una “mafia jázara” que sería última responsable del modelo ultraglobalista, ya tampoco se sostiene ante los hechos. Desde 2018, la historiadora Daniela Felisini, profesora del Departamento de Historia, Humanidades y Sociedad en la Universidad de Roma, presentó un estudio detallado (1) basado en datos contables originales, donde expuso cómo los préstamos de los Rothschild al Vaticano fueron gestionados a través de la Banca Torlonia. Esta entidad no solo supervisó las transacciones, sino que también contribuyó con importantes sumas de dinero, que se sumaron a los fondos proporcionados por los banqueros sionistas. La familia principesca Torlonia, de origen católico, conocida como los Príncipes de Civitella-Cesi, acumuló una inmensa fortuna entre los siglos XVIII y XIX precisamente gracias a su papel en la administración de las finanzas del Vaticano.

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